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m i s t e r i o s   m y s t e r i e s



                EL MECANISMO



               DE ANTICITERA










          La civilización griega sigue sorprendiéndonos por su rico legado y sus muchas
          leyendas e incógnitas, que aún hoy tratamos de descifrar. Una fascinante
          historia es la del singular artefacto tecnológico descubierto entre los restos de
          una galera romana naufragada en la isla griega de Anticitera.



                    a historia actual de este artilugio arranca ya   TECNOLOGÍA PUNTA GRIEGA
                    de una manera intrigante, pues su descubri-  Tras someter el artefacto a rayos X y gamma se descubrió
                    miento fue totalmente fortuito. Un gran gol-  que su interior era sumamente complejo, ya que estaba
                    pe de suerte. Ocurrió hace más de 100 años,   compuesto por hasta 27 ruedas de engranaje. Se trata de
                    cuando un grupo de buscadores de esponjas   una pieza totalmente anacrónica por su avanzadísimo sis-
         Lmarinas  decidió  probar  suerte  en  la  isla  de   tema de engranajes y movimientos mecánicos mediante
         Anticitera. No hallaron esponjas pero sí un incalculable   los que podían replicar y predecir los movimientos astro-
         tesoro de piezas griegas diseminadas entre los restos de   nómicos. Una auténtica obra de ingeniería tecnológica.
         una galera romana de hace 2000 años. Y allí, en los fondos
         arenosos donde reposaban estatuas de mármol y cobre, se   El mecanismo de Anticitera predecía los eclipses con pre-
         encontraba el –desde entonces denominado– mecanismo   cisión y la duración de los ciclos de la Luna y las esta-
         de Anticitera. Una especie de ordenador mecánico reali-  ciones. Mediante dos de las ruedas y diversos dientes de
         zado en bronce y del tamaño de una tableta.          su engranaje lograba replicar con precisión la velocidad y
                                                              duración del desplazamiento de la Luna en su órbita elíp-
                                                              tica. También reproducía con gran exactitud las órbitas de
                                                              los cinco planetas conocidos en la Antigüedad: Mercurio,
                                                              Venus, Marte, Júpiter y Saturno. En la parte frontal del ar-
                                                              tefacto había representado un planetario con la Tierra en
                                                              el centro y los cinco planetas girando a su alrededor.

                                                              Más de 2000 años después, constatar la precisión demos-
                                                              trada por los griegos respecto a todos estos conocimientos
                                                              astronómicos resulta abrumadora. La idea de mecanizar
                                                              estas teorías científicas en un artilugio para constatar qué
                                                              pasaría días, meses y años después resulta sencillamente
                                                              extraordinaria.

                                                              LA MENTE DETRÁS DEL INGENIO
                                                              El mecanismo de Anticitera predecía también la fecha
                                                              exacta de los juegos Panhelénicos. Y aunque los de Olim-
                                                              pia eran los más prestigiosos, los Ístmicos (en Corinto)
                                                              aparecen  en  el  mecanismo  mucho  más  resaltados.  Esta
                                                              pista fue fundamental para rastrear al creador. Tras años
                                                              de investigaciones, los expertos llegaron a la conclusión
                                                              de que la mente detrás de este increíble artilugio vivía en
                                                              Siracusa y no era otro que Arquímedes, el brillante mate-
                                                              mático, físico, ingeniero, inventor y astrónomo. Una mente
                                                              privilegiada de la Antigua Grecia que aún hoy sorprende y
                                                              maravilla.



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